miércoles, 14 de julio de 2010

Tu Nombre


El título se me antoja para escribir un poema de esos que derraman miel por todos lados y hacen uso de la luna, el cielo y las estrellas para idolatrar al ser querido, sin embargo me pareció justo porque generalmente nuestro primer encuentro con las letras se refiere a aquellas que conforman nuestro nombre, es decir, lo primero que aprendemos a escribir es nuestro nombre, con el paso del tiempo vamos conociendo nuestro abecedario, las distintas letras y la fonética de cada una de ellas, seguramente todos recordamos cuando veíamos la letra “S” hacíamos como la viborita “ssss” después de haber aprendido las vocales, claro está.

Conforme vamos creciendo y aprendemos nuestro propio nombre, lo repetimos una y otra vez, hasta el hartazgo, reconociendo en él todo nuestro ser: personalidad, físico e incluso la familia, porque qué es el nombre sino el distintivo de cada familia, reconoces a tus herman@s porque se apellidan igual que tú o te refieres a los tíos por parte de los ____ o del lado de los _____. El caso es que por muy extraño que sea tu nombre, lo aceptas y lo abrazas como tuyo, aunque no te guste, ya te fregaste y lo tienes para siempre.

Es curioso ver como personas con nombres iguales se comportan de forma parecida, tienen actitudes similares y hasta puede encontrar uno coincidencias en ellos como el buen/mal humor, un apodo, una actitud protectora o propensa a la protección, etc.

Hay quienes dicen que el nombre es una parte fundamental de la personalidad de cada individúo, recuerdo que en un avión, durante un vuelo de 12 horas platicaba con una viejecita que iba a visitar a sus nietos y sin siquiera compartir el mismo idioma, al decirle cómo se llamaban mis hermanos me hizo una muy atinada descripción de cada uno, luego me enteré que había usado una clase de descripción fonética de los nombres con lo que trataba de adivinar la personalidad de tal o cual, sin importar el idioma, una especie de mentalista especializado en fonética de nombres.

Así que por muy extraño que sea tu nombre, lo adoptas como propio y, seguramente, te ayudará a formar tu personalidad, así como formar una imagen previa de aquellos que comparten nombre con tu mejor amig@, tu herman@, etc. Seguramente alguien te puede caer bien o mal, de entrada, por su nombre, por un prejuicio que tienes formado de alguien que era su tocayo.

Tengo un amigo que cuenta con un nombre único, dudo mucho que, después de escuchar la explicación del origen, alguien pueda compartir el nombre, ello gracias a que sus padres decidieron que el nombre como los humanos en el planeta debían ser únicos e irrepetibles, así que decidieron nombrarlo Khemvirg que es una combinación del dios egipcio Khem y el signo zodiacal Virgo.

Tal es nuestro apego al nombre que decidimos heredarlo, o nombrar a alguien en recuerdo o en honor a alguien especial para nosotros, por eso encontramos a mujeres que se llaman América porque su papá es fanático del equipo, y por muy raro que sea te acostumbras tanto a él que hasta parece lo más normal del mundo que alguien llamado Khemvirg se asombre de alguien llamado Remberto.

Alguna vez escuche algo que me gustó y es cierto: “Lo único que le puedes heredar a tus hijos es tu nombre (apellido incluido)” así que cuídalo y mantenlo limpio. Recientemente el fin último de los jóvenes es triunfar (económicamente), salir en la tv, ser famoso, trascender, si supieran que cada que uno escribe su nombre está trascendiendo a aquel quien lo lee habría menos frustraciones.

PD. Khemvirg no tiene problemas en usar su nombre como usuario en cualquier lado.



Manuel Vázquez López

1 comentario:

  1. El nombre propio se individualiza aún cuando se tengan muchos tocayos; si se le asocia a los apellidos le vincula a uno a la familia y entonces se vuelve más propio.

    Ojalá que escribas mas seguido.

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