lunes, 8 de marzo de 2010

Burbujas personales


Pasaban los días y yo sin ganas, ni conocimiento, ni una chispa de por qué o sobre qué debía escribir, siempre me ha gustado, de repente me ponía a escribir nomás porque sí y sentía un gran alivio, no sé si soy bueno y honestamente ni me importa, lo que importa es que me lea quien me tiene que leer y que me sienta bien con lo que escribo y conmigo mismo.


Así pasaron los días, las semanas y hasta meses sin “inspiración” –aunque creo que la falta de tiempo fue lo que terminaba por matar cualquier intento de escribir–, hasta que un día me pegó, siempre había querido escribir al respecto, pero por alguna extraña razón nunca lo había hecho, aunque siempre lo platicaba con alguien.


Cuando uno viaja de manera constante y en itinerarios largos en auto, se vuelve uno como psicólogo de la carretera, si eres observador, claro. Dentro del ocio del volante uno comienza a ver qué pasa en el coche de alado y ves a la mujer que va pintándose la boca/enchinándose las pestañas con la cuchara/buscando el celular en la gigantesca bolsa/peleando con los niños/etc. Adelante está el envalentonado que levanta la mano a todos los que están delante de él porque son muy “pendejos” y no se pasan la luz roja o dan vuelta prohibida.


Con el que sigue, seguramente todos nos identificamos porque todos lo hemos hecho: el cantante, aquel que va dando un concierto con la canción más “popera” que existe y que no podemos cantar frente a los demás por pena o miedo a perder ese status cool que nos caracteriza.


Y es que cada automóvil es un mundo, se vuelve una extensión no sólo de nosotros, sino de nuestro hogar, hay personas que se rasuran en él, desayunan, hacen fiestas, echan pasión, afianzan negocios, refrendan amistades, amor, compadrazgos, o simplemente enojos, todos hemos realizado alguna de estas acciones, ¿o no?


El otro lado es cuando nos volvemos parte de él/ella y viceversa, quién no ha hecho “la mirada” cuando pasa a algún tortuga que no quiso moverse del carril de alta, algunos utilizan su carro como parte de su ego y presumen el tamaño de su camionetón, quizá por algún complejo o nomás por presumir.


Lo cierto es que nuestro auto se vuelve parte de nuestra vida diaria y así lo queremos y lo cuidamos, además habla mucho de nuestra personalidad. Les recomiendo que volteen a su alrededor cuando vayan manejando –con precaución claro está–, se sorprenderán de lo que puede uno mirar, todos nos sentimos protegidos dentro de él, nos mostramos tal y como somos en realidad, miren un poquito y luego me platican.


Lo único malo de todos los carros, es cuando sube la gasolina.


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