Hace unos días leí en un periódico de los más importantes del país a, quizá uno de los más influyentes comentaristas de noticias en todo el territorio nacional, alguien a quien yo consideraba contaba con un criterio político amplio y la inteligencia suficiente para poder discernir él solito sobre temas de política, sin embargo me dejó un muy mal sabor de boca al saberlo promovente del “voto blanco”.
Es bien sabido que todos aquellos quienes forman parte de un consorcio como son las dos televisoras y sus respectivos grupos mediáticos tienen una línea de qué decir y qué callar, a quién alabar, a quién pisotear y de plano a quién borrar del cuadro, para muestra bastaría preguntarle a Santiago Creel dónde andaba o porqué cambió de directivos La Revista del Universal y se creo la extinta eme-equis.
Hay que aceptar que existe una severa crisis propositiva y un auge de descalificaciones, tierra y lodo en las actuales campañas electorales y desde hace algunos trienios, sin embargo no puedo comulgar con la idea que he notado de manera persistente: Anular el voto
Me parece irresponsable siquiera mencionarlo.
Esto es como una final deportiva, hay varios participantes y en todos y cada uno de los juegos que se juegan, debe forzosamente, haber un ganador, así sea por un solo voto.
Soy partidario de aquella frase que dice que la democracia es la tiranía de las mayorías, pero ¿qué pasa cuando la mayoría deja de existir y se vuelve una tiranía de las minorías?
¿De qué sirve no votar o anular el voto? La respuesta es de NADA
El día 6 de julio debe haber un ganador en cada presidencia municipal, en cada distrito local y federal y en cada estado que está en juego. La pregunta es ¿quién quieres que sea... el que escogió tu vecino, el mapache, el acarreado o el “vendevotos”?
Es para pensarle… ¿no crees?




No hay comentarios:
Publicar un comentario